"burlar Camotal y Abtao, y entonces fugir, 
como se decía antes, fugir de las mechas 
si es preciso, con las intremidades intactas. 
Un ave. Un mar. Un video al límite, cinco 
segundos de horizonte y a ver qué haces".

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POESÍA

ISSN 2767-1844
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Poemas de Mario Montalbetti
Seleccionados por Sebastián Urli y Fabián Darío Mosquera   
/ Publicado en Mayo, 2021

Todos los textos son propiedad intelectual de sus autores. / El website es propiedad intelectual de La Vaca Profana & Gustavo Faverón Patriau. / La Vaca Profana es un mamífero imaginario sin fines de lucro.

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Han aceitado las bisagras de  


Han aceitado las bisagras de 
bronce que sujetan las puertas.  

Las sillas son nuevas. Las camas 
están vacías. Las cortinas flamean  

a través de la ventana
y pienso que al conductor del camión  

de mudanzas le parecerán largas lenguas 
blancas. Los corredores desnudos las  

alfombras son islas sin palmeras sobre el 
parquet. Las personas que he amado  

se han ido. Ahora 
tengo el corazón(  

contento tengo el corazón 
contento lleno de alegría)  

deshabitado.    



Dijo Wang Pi  


Dijo Wang Pi “siempre
se pierde algo”. La ventana
le giraba interiormente
—dos perros inundados por la fiebre 
transitaban el asfalto.
Pi es paciente;
si su mujer no regresa a las ocho 
deben ser las siete.
Siempre se pierde algo no Pi?
Siempre, menos el humor.  

(De Perro negro, 1978)     



hay un desierto a la deriva 
enterrado entre tormentas
hay un escorpión inteligente  

tallado en cada muerte
y hay una muerte tras otra  

entusiasmadas con la religión  

aves frías te golpean la cabeza 
y aprendes enseguida  

hay un río dentro del río  

fabricando fiebres delicadas
hay una puerta detrás de la puerta  

y un bizcocho detrás del mundo  

excavamos en los días de la tiza 
vertebrado / invertebrado  

escribimos para tapar los hoyos 
y reparar las faltas  

hay un ángel de barro acantonado en posición fetal 
y al fondo un enemigo intolerante  

hay un museo que contiene réplicas
de todo lo que has oído
hay un libro que repite todo lo que escribes 
y otro que escribe todo lo que repites  

hay un sol partido en dos y una sombra espesa en la escisión  
hay un perro perdido en el ojo de la horca          




este es el verso en el que la sangre se vuelve vino y el paraíso metrópoli  

y la daga imaginaria se clava sobre pechos mojados 
este es el verso en el que entro al pueblo  

y pregunto por ella y por un bar llamado el patio
todos volteamos hacia el mismo lugar todos cometimos el mismo error  

caminé por estos versos para olvidar tormentos y sentí un alivio pasajero al ver  jacarandás en flor  

pero luego todo volvió de golpe y no pude sino escupir sobre estas calles  

en este verso llueve como lloverá en el último otoño
por fin el actor no es el héroe por fin no hay nada que entender  

en dos días llegarán al sur privado de sur  

los caballos ya se esconden en las acequias afiebrados 
en este verso no se puede seguir  

este es el verso en el que no se puede seguir  


(De Fin desierto, 1995)            



La danza de los decimales 


ahora es el otro día de nuestro desconcierto 
vuelto novedad gracias a este hijo de Yo  

cualquier cosa que hagas no dividas
las cosas justo ahora que ya no hay forcejeos 
inútiles sino múltiples esperas
por el próximo carnívoro  


las interpretaciones de Trilce VIII se mecen 
ambiciosas en la sala de partos  

ahora es el invierno ahora es la estación 
mañana esotro día 
el hilleno mundo perfectamente esférico 
vigilado en su entrada por el doble corazón  

mañana eseste día
mañana es estedía al mediodía  

en treinta minutos lo hurtará la vida
para darle un arma de consistencia blanca
y el próximo carnívoro libre de toda espalda 
traspasará su propia frente hasta perder el eco  

que le habíamos conferido  


(De Llantos Elíseos, 2002)            


Coma Berenices 


Que aun en las aguas de la ensenada
el hábito abuse una misma derrota
y que ésta sea seguida, alba y ocaso,
por navíos y derivas en delirio imitado,
sus quillas afeitando el rubor rosado
de invisibles corales ¿no es una lástima? 
Parirse resta con velas blancas de este caldo 
de pronombres importados, tomar la altura, 
plegarse al viento, crudo como el algodón, 
burlar Camotal y Abtao, y entonces fugir, 
como se decía antes, fugir de las mechas 
si es preciso, con las intremidades intactas. 
Un ave. Un mar. Un video al límite, cinco 
segundos de horizonte y a ver qué haces.  


Imágenes de separación 


Tucson (sin fecha). Este desierto 
horrible se interpone una vez más
entre nosotros. Es malo escribir,
saber que no nos veremos, y hacerlo 
pasar por un poema, para que solo
lo bello duela. Pero así es. La guerra
ha tomado los puentes, las salas de cine. 
Mis sueños están sucios de tu sangre. 
Espero el fin del desierto, el fin 
de la guerra. Los juicios por los crímenes.
Jamás olvides que un acto de amor
está más allá del bien y del mal.
Entonces te veré. Siempre tuyo, (sin firma).  


(De Cinco segundos de horizonte, 2005)       


Objeto y fin del poema 


Es de noche y tiene que aterrizar 
antes de que se acabe el combustible. 
Así terminan todos sus poemas, 
tratando de expresar con un lenguaje 
público un sentimiento privado.  


Su ambición es el lenguaje del piloto 
hablándole a los pasajeros
en medio de una situación desesperada: 
parte engaño, parte esperanza, parte verdad.  


Todos los poemas terminan igual. 
Hechos pedazos contra un cerro oscuro 
que no estaba en las cartas.  


Luego hallan los restos: el fuselaje,
la cola como siempre, intacta,
el olor a cosa quemada consumida por el fuego.  


Pero ninguna palabra sobrevive.  

(De El lenguaje es un revólver para dos, 2008)                      


Ahmet 
es una producción peruano-iraní 
[14 versos]  


la casa en la que entró me entristece Ahmet encontró a la mujer
Ahmet entró a la casa encontró a la mujer
el perro admito haber matado al perro ladra me entristece
la casa me entristece amargamente Ahmet entró en ella la mujer ya estaba adentro
me entristece el perro junto a la mujer la casa Ahmet entró en ella 
¿qué perro qué casa qué mujer me entristece perder? 
Ahmet amargamente me hace llorar haber perdido la casa 
¿cuándo me entristeció luego de admitir haberla perdido al perro haberlo matado? 
¿cuándo dijiste haberlo perdido admitido que está ladrando te entristece junto a la
          mujer? 
Ahmet amargamente entró a la casa en ese momento junto a la mujer está
          ladrando 
me entristeció haber perdido el perro está ladrando admitido haberlo matado está
          junto a la mujer
la casa en la que entró Ahmet 
es tarde la curvatura del higo se dibuja junto al ladrido en la casa amargamente me
          entristece 
lo único visible es la curvatura del higo 
lo único visible es tarde     


Ocho cuartetas en contra del caballo de paso peruano 
[14 versos]  


arrojo una palabra la palabra describe una parábola 

la palabra describe una parábola arrojo una palabra la palabra se separa se aleja de
          mí describe

una parábola 

la palabra describe una parábola la palabra no describe un objeto al final de la
          parábola 

al final de una parábola puede haber puede no haber un objeto al final de la parábola puede

no haber nada pero no puede no haber una parábola 

lo único que hay es la parábola que describe la palabra al ser arrojada fuera de uno 

arrojo una palabra la palabra se aleja de mí describe una parábola

arrojo una palabra la palabra se aleja de mí describe una parábola

arrojo una palabra la palabra se aleja de mí describe una parábola 

arrojo una palabra la palabra se aleja de mí describe una parábola 

la palabra no describe un objeto que hay o no hay al final de la parábola solo
          describe una

parábola 

al final de la parábola hay un caballo 

la palabra le cae al caballo lo parte en dos tres el caballo colapsa se parte en dos
          tres lo extermina 
puede haber un caballo puede no haber un caballo al final de la parábola no hay un
          caballo 

describe una parábola  


(De 8 cuartetas en contra del caballo de paso peruano, 2008)                                        


Himno


Todavía quedan días en los que me digo:
hay un lugar que puedo hacer mío,
un café, por ejemplo, que puedo reclamar
como propio, luego de tantos excesos 

o un terreno baldío en las afueras.
Pero eso sólo quiere decir que hay objetos
que me encuentran familiar, inanimado.
Mi anhelo es retórico: no espero afecto 

de las cosas. Por eso mismo admiro
dos incomodidades: las sillas de madera
y las letras. En cambio, los poderes y la lujosa
circulación del guiso me dejan indiferente. 

No en la explicación sino en la soledad
deseo usar estas palabras. yo no soy de acá. 


Traducción radical 


Enseñarle castellano a un perro
es la verdadera enseñanza.
“Nunca va a aprender”, dicen.
¿Por qué? ¿Acaso el castellano
es cuestión de inteligencia? Tal vez
será mejor aprender a ladrar entonces.
¿Por qué no lo podemos hacer?
¿Por qué somos demasiado inteligentes?
Me gustaría decir “yo te quiero”
ladrando. Un perro es un verdadero
otro. Alguien que no comparte
mis reglas. Casi ninguna. A veces
decimos algo y el perro acude.
A veces el perro ladra y lo ignoramos.
En comparación, aprender aymara
(dialecto moqueguano, digamos)
es sencillo. Se puede hacer.
Tal vez la pronunciación no sea
perfecta, pero nos dejamos entender.
¿Cómo será ladrar con acento humano?
Los perros reirían sin parar.
“¿Y este de dónde salió?” dirán 


(De Apolo cupisnique, 2012) 


Puerta negra al final del corredor, una incursión


                                                                    ; el desierto, 
como una cimitarra empuñada por Wei Lung, rasgó mi 
cuerpo en 3 pedazos, Lombriz de Tres Cabezas, madre 
de la enfermedad, la edad, la muerte; y mis vísceras 
se removieron por el desierto, ocho días, vagando
en pos de los huraños dioses de la higiene; 36 000 
divinidades (según los capítulos del taoísmo tardío) 
asentadas desde el primer huevo, en las tiendas de mi 
cuerpo; 36 000 seres adelantados por el dios del recto, 
la divinidad escatológica, la finalidad, o el output 
de mi experiencia interna; 36 000 aves que se cruzan,
se traban, se detienen,     y acuerdan afectos momentáneos; 
la divinidad del bazo está preñada por el dios del colon;
mi ojo izquierdo es el sol, mi ojo derecho la luna; soy
joven y hermoso y fuerte por el dios tercero del hígado; 
estoy atento a las perturbaciones de la materia por las 
secreciones inestables del páncreas, una divinidad también, 
un árbol; 
              “y ahora vivo y ahora mi vida está terminada”, 
y solo para complacerte la he vivido, sin marcas de reino, 
ni observatorios por sobre las murallas, como una noche 
debajo de la tierra, encantado por la opacidad del abismo, 
husmeando, entre los topos, las ignorancias del águila; 
                                                                                 el mar, 
el cactus, la nube, discernidos por mí en el origen de la 
obscuridad de mi cuerpo, derraman su impávida sangre en un 
intento vano de redimir mi lenguaje, como cuerpo del señor 
(écran y proyector a la vez), el mismo tímido hervor de mi 
imaginación, donde el espectáculo de mi vida (y no mi vida
misma, lástima) se muestra, abierta, a los tactos del 
desierto, 

               como una coagulación inmerecidamente lenta del azar; 
                                                                   y ahora mi vida está 
consumida y ahora deseo, y ahora no deseo y ahora mi cuerpo 
(y no el cuerpo del señor, o también él, contagiado por 
los efectos secundarios de la morfina)  cae, 

                                                                                hollado, empujado, 
por divinidades que explican con toda la ternura que 
encuentran “sigue viviendo, escucha las palabras, la muerte 
no es muy habitable”, mientras la vida es nadie, salvo
un número de circo, el camino sobre la cuerda de equilibrio, 
de una mano el cielo, de la otra el suicidio; 
                                                                    y ahora vivo 
y ahora el espacio se llama el exilio; el espacio se llama el 
exilio del cutis precioso; el espacio se llena de tangentes, 
errores, senos, botánica, whisky; el espacio se llama el 
exilio del matrimonio; el espacio se puebla de duendes 
silenciosos, los grandes masturbadores;  

                                                     alguien distinto a mí 
se ríe a mis espaldas, un dragón-hembra que 
aparece y desaparece a voluntad, sin disparar para nada,
una sola puta-palabra de sentido; 
                                                el espacio se llama el 
exilio del vaso de plástico; el espacio se llama Resplandor 
en la Cola de la Serpiente; como si este mantram
del nominalismo pudiera reordenarlo todo, lanzando
sus letanías desde los pies gangrenados de un Treblinka boy; 
                                           ; tomarlo todo,
eleáticamente en serio, cuesta, ofende a los dioses de la 
higiene, desarma teogonías, disuelve las esperanzas de los 
planes quinquenales, e impide elegir entre tanques o 
mantequilla sobre los cuadros abstractos de los estadistas; 
tomarlo todo, en serio, frente a la puerta negra, al final 
del corredor, y escuchar solo la delicia del silencio 
después del aullido;
        el viento es la vanguardia más radical  

de mis actos, la humedad es mi escolta; navegación sólida
(y sórdida) sobre este mar cartesiano cuyo único puerto
es ese 15 % de adverbios que terminan en ‘mente’; gaudeamus, 
el desierto menos yo refleja la palma de su sabiduría;
                                                                                        y ahora 
vivo y ahora mi vida está terminada, enfrentada, desde el 
centro de una taquicardia psíquica, a las claves, graves, 
suaves, aves, naves, la luna es la madre del pathos y la 
lástima; y ahora quiero y ahora no quiero,      inventar objetos 
que tomen toda una vida para comprender,       
                                                               mi vida, por ejemplo, 
7 pisos por encima del invierno, mi vida, 
                                                              julio 12, 
me preguntaron si haría algo a la noche;  


(Publicado en La mesa llana No. 2, México, 1981)