La hija única
Guadalupe Nettel (Anagrama, 2020)

Reseña de Carlos Sotomayor     / Publicada en Mayo, 2021

Guadalupe Nettel no es solo una gran cuentista –El matrimonio de los peces rojos (Premio Ribera del Duero) quizás sea su punto más alto en el género breve–. Ella ha ido construyendo, además, una solida trayectoria de novelista diestra. El huésped (finalista del Premio Herralde), El cuerpo en que nací y Después del invierno (Premio Herralde) son muestras inequívocas de su talento. A dicho tridente se le suma ahora: La hija única (Anagrama, 2020).

     Así como en Después del invierno, la trama gira en torno a dos personajes protagónicos (Claudio y Cecilia), podríamos decir que en La hija única también nos encontramos con las historias paralelas de dos personajes centrales: Alina y Doris. La novedad es la presencia de una narradora que es la encargada de contarnos las historias de las dos mujeres. Una narradora no omnisciente sino testigo. Este recurso, muy bien usado por Nettel, nos permite conocer a dichas mujeres desde la mirada de Laura, quien constantemente reflexiona sobre los avatares de sus dos amigas. 

     Así, La hija única presenta un primer eje temático: la maternidad. O, quizás sea más preciso decir: los posicionamientos frente a la maternidad. Y es que, en ese sentido, tenemos por un lado a Alina, una antigua amiga de Laura, quien luego de ser contraria (como la misma Laura), a la maternidad, se entrega de lleno a sus deseos de ser madre. No obstante, estos deseos deben enfrentarse con una durísima realidad. La pequeña que crece en su vientre presenta un mal congénito que hace presagiar a los médicos una muy breve existencia. 

     Por otro lado, tenemos a Doris, la vecina de Laura, con la que entabla una relación de amistad que se va fortaleciendo poco a poco. En el caso de Doris, una conflictiva relación con un hombre deviene en una complicada relación con su pequeño hijo, al punto que podría llevarnos a pensar en cierto hartazgo (o al menos un cuestionamiento) de su maternidad. En un momento de la trama, buscará alejar a su hijo, enviándolo con un familiar a otra ciudad.  Esta suerte de perspectivas enfrentadas se vislumbra en un momento de la novela en la que Laura le cuenta a su madre que Alina está embarazada y que a pesar de sus reticencias a la maternidad está contenta por su amiga. La madre le dice que debe estarlo pues “un hijo es el mejor regalo que puede darte la vida”. Y la narradora: “Al oírla no pude evitar pensar en mi vecina”.

     La hija única no solo es una novela sobre la maternidad. El otro eje temático sería el de la amistad, los lazos firmes que se construyen entre mujeres. No solo lo vemos en la relación estrecha de Laura con Alina, una amistad de años, sino también en la que irá consolidando con su vecina, quien desde otra perspectiva (y en otro estrato social) también padece una vida complicada. En el caso de ella, una depresión que parece inutilizarla; además del alcoholismo. Hay una escena muy significativa hacia el final de la novela (que no detallaré para evitar el spoiler) en la que se juntan las tres mujeres. 

     Si hablamos de relaciones interpersonales, no podemos dejar de mencionar la que se establece entre Laura con Nicolás, el pequeño hijo de su vecina Doris. A pesar de los gritos que oye desde su piso por las peleas constantes entre madre e hijo, Laura cobija emocionalmente al pequeño Nico, en una especia de ayuda tácita a la madre. Y, a pesar que, como he mencionado antes, Laura tiene clara su aversión a los niños y a la posibilidad de ser madre. 

     La novela tiene una nota introductoria en la que Nettel nos adelanta que la historia de Alina está basada en la historia real de una amiga suya. Y al mismo tiempo nos deja en claro que no se trata de no ficción pues dicha amiga la instó a inventar todo lo que fuera necesario. El resultado: una novela lograda, un artefacto literario en el que apreciamos los indiscutibles méritos de su autora. No por nada está considerada como una de las voces narrativas más interesantes e importantes de las letras hispanoamericanas.

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"La novela tiene una nota introductoria en la que Nettel nos adelanta que la historia de Alina está basada en la historia real de una amiga suya. Y al mismo tiempo nos deja en claro que no se trata de no ficción pues dicha amiga la instó a inventar todo lo que fuera necesario. El resultado: una novela lograda, un artefacto literario de indiscutibles méritos".

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