ISSN 2767-1844
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"Las instalaciones de María Abaddon nos recuerdan la tensión de la danza Butoh y sus movimientos erráticos y repetitivos. Su trabajo comparte con dicha danza el espacio para la expresión que nace de la destrucción masiva, que busca, según sus creadores, recuperar el cuerpo que nos ha sido robado".

MARÍA ABADDÓN

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El triunfo de la estupidez humana, de María Abaddón, 2018. Fotografía de Juan Pablo Murrugarra. [Clic en las imágenes para ampliarlas].
Todos los textos son propiedad intelectual de sus autores. / El website es propiedad intelectual de La Vaca Profana & Gustavo Faverón Patriau. / La Vaca Profana es un mamífero imaginario sin fines de lucro.

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Autorreconocimiento (fotografía de Juan Pablo Murrugarra). / Kazuo Ohno, fotografía de Eikoh Hosoe. [Clic en las imágenes para ampliarlas].

La dictadura de los sobrevivientes
(Sobre el arte de María Abaddón)
Por Akira Chinen    / Publicado en Marzo, 2021

ARTES

Cuando Gustavo Faverón me propuso escribir acerca de la obra de algún artista contemporáneo mío no dudé en elegir la obra de María Abaddon. Guardando la esencia de la vaca multicolor, elegí a mi contraparte escultórica, matérica y conceptual para aprender de mi mismo a través de su trabajo.  Se dice que el Shinto, la religión primitiva japonesa, obtiene su espiritualidad a través de caminos muy particulares. En su cosmogonía, observar el Misti encerraría un sentimiento shintoísta; perderse en el paisaje pictórico de Fernando de Szyszlo, envolvería un sentimiento shintoísta; leer una nota suicida, caminar en la madrugada por los corredores del Presbítero Matías Maestro, ver de cerca la muerte; son experiencias potencialmente shintoístas. Relacionarse con ellas  aceptándolas en nuestra humanidad, sin pensarlas como positivas o negativas, engloba lo espiritual shintoísta. Lo espiritual nos supera, intentar explicarlo, lo minimiza (o lo transforma en cuerpo).  María Abaddon trabaja con ese sentimiento, él trabaja lo espiritual a través de la carne. Si en lo Apolíneo la construcción del individuo es fundamental, la obra de Abaddon es extremadamente Dionisíaca. Su trabajo está compuesto por masas de vísceras y cuerpos sin piel ni género, resultado de un bacanal en donde primó la disolución del individuo. Caminar entre sus obras transitables nos recuerda que la muerte nos iguala a todos.

Según Kazuo Ohno, uno de sus principales representantes, la danza Butoh empieza con el abandono del yo, lo que nos sitúa nuevamente ante la disolución del individuo. Para practicar esta danza, Ohno debe olvidarse de cómo manejar su propio cuerpo. Para construir sus obras, María Abaddon debe olvidarse de cómo es un cuerpo. Ambos buscan domesticarlo desde el instinto. Esta disolución solo puede tener un objetivo. Atravesar las instalaciones de María Abaddon nos transforma en protagonistas, verdaderos centros de atención que aún conservan su identidad frente a cúmulos de carne y vísceras estilizadas. Este ambiente que nos muestra que la muerte nos iguala, es también uno que nos empodera con esperanza o con culpa. Si ser humano es lo que ha sobrevivido a lo humano, vivimos en una dictadura de sobrevivientes.

Todas las opiniones aquí vertidas son subjetivas, altamente descontextualizadas y completamente ajenas a la interpretación personal del autor de las obras.

[Cada cierto tiempo, La Vaca Multicolor le pedirá a un artista plástico que elija a otro, de su generación o menor, que le parezca no solo promisorio sino incluso admirable, y luego escoja un cierto número de obras de ese artista y escriba comentarios sobre ellas. En esta ocasión el pintor y dibujante Akira Chinen eligió las siguientes piezas del joven escultor e instalador peruano María Abaddón.]

Vómitos mentales, de María Abaddón. Colección permanente del MATE, 2020. Fotografías de Renzo Rebagliat [Clic en las imágenes para ampliarlas].

Las instalaciones de María Abaddon nos recuerdan también a la tensión de la danza Butoh y sus movimientos erráticos y repetitivos. Su trabajo comparte con dicha danza el espacio para la expresión artística que nace de la destrucción masiva, que busca según sus creadores, "recuperar el cuerpo que nos ha sido robado". Recordemos que el Butoh asimila en su ejercicio (entre otras cosas) los movimientos desorientados de las víctimas de las bombas nucleares.