ISSN 2767-1844
FACEBOOK         /         INSTAGRAM         /         TWITTER

INICIO      ENSAYOS      ENTREVISTAS      RESEÑAS      POESÍA & FICCIÓN      COLUMNAS      COLABORADORES      CONTACTO      EDITORES


Todos los textos son propiedad intelectual de sus autores. / El website es propiedad intelectual de La Vaca Profana & Gustavo Faverón Patriau. / La Vaca Profana es un mamífero imaginario sin fines de lucro.

Contacto

     INICIO      ENSAYOS      ENTREVISTAS      RESEÑAS      POESÍA & FICCIÓN      COLUMNAS      COLABORADORES      CONTACTO      DIRECTOR     

Fernando Parra, nacido en Tarragona en 1978 y afincado en Alicante, tiene dos grandes pasiones que se entrelazan y nutren mutuamente: la enseñanza y la literatura. Profesor de Lengua y Literatura en Secundaria, transmite a sus alumnos su entusiasmo, en una tarea especialmente necesaria en estos tiempos con las Humanidades arrumbadas y la tiranía cibernética, con unas redes sociales esclavizantes. Y esa misma emoción nos llega a los lectores al disfrutar de su novelística. 

     El autor tarraconense, columnista del Diari de Tarragona y colaborador de otras publicaciones, ha puesto en marcha el blog Cesó todo y déjame, y debutó en la narrativa con Persianas (Funambulista, 2019), cosechando una excelente acogida por parte de crítica y público, pues, a pesar de ser una primera novela, estaba dotada de una envidiable madurez literaria y nos remitía a un escritor marcado por la autenticidad y poseedor de un mundo y un estilo propios, señas de identidad sine qua non de todo verdadero creador. Persianas, ambientada al final de la década de los ochenta del pasado siglo, es una novela de aprendizaje, con un trasfondo autobiográfico, protagonizada por Rodrigo un niño de diez años, cuyo padre trabaja en la petroquímica catalana que sufrió por esa época el zarpazo de ETA. Rodrigo habita en un barrio de las afueras de Tarragona, poblado sobre todo por inmigrantes de otras zonas de España, a quienes los que se autoproclaman dueños absolutos de su tierra llaman con menosprecio “charnegos”.

     El antropoide, su segunda novela, se abre con un pasaje de una de las obras más famosas de Francisco Umbral, Mortal y rosa, en la que su autor reflexiona precisamente sobre la figura del antropoide que, recordemos, según lo define el diccionario de la Real Academia Española, es un animal que “por sus caracteres morfológicos externos se asemeja al ser humano”. ¿Cuánto tiene de antropoide Eduardo, protagonista de la nueva propuesta de Fernando Parra? ¿Cuánto de animalidad hay en él? Eduardo, a diferencia del Gregorio Samsa, personaje de la celebérrima La metamorfosis, de Franz Kafka, no se sorprende una mañana trasformado en un animal, un insecto en el caso kafkiano, pero no deja de tener similitudes con la criatura del escritor checo. Tanto Gregorio como Eduardo son unos inadaptados, no han hallado su lugar en el mundo y tienen una conflictiva relación con quienes les rodean y con su entorno.

     Eduardo es hijo de un pujante editor y, tras cursar Filología Hispánica, parecía destinado a llevar una vida satisfactoria -en la medida en que la existencia puede ser tal-, trabajando en el negocio familiar. Pero la situación se tuerce -descubra el lector el motivo-, y su trayectoria se verá abocada a otros derroteros. A Eduardo le acoge su tío, director de un singular diario de provincias, El pliego volandero -la ironía no es ajena a la cosmovisión de Fernando Parra-, donde le encomiendan una labor que nadie entiende ni apoya: “El puesto de Eduardo en el periódico era absolutamente prescindible. ¿Un corrector de ortografía y estilo en los tiempos que corrían? Los modernos procesadores de texto ya se encargaban de eso […] Es cierto que no eran perfectos: a menudo señalaban palabras como incorrectas solo porque no las reconocían en su base de datos. Era una suerte de siniestra y tiránica ontología: lo que el dios informático no reconoce, no existe”.

     Para más inri, sus compañeros le consideran un enchufado y le han recibido con indiferencia, cuando no directamente desprecio. Poco después, le encargan la sección de anuncios por palabras, que le sume aún más, si cabe, en la desesperanza: “Sentía mortificadas sus aptitudes, rebajadas a aquella tarea innoble y degradante”. No obstante, intenta sortear el desánimo: “Se esmeraba en cada enmienda pensando que su sección de anuncios clasificados había de constituirse en el bastión de su dignidad”. Lo hace por él y por conquistar a su compañera Cloe, nombre no elegido por casualidad. Impagable resulta cómo aborda Parra Nogueras la atmósfera de El pliego volandero, y el dibujo de los personajes que lo pueblan. Como, entre otros, Peñafría, responsable de Cultura, contra quien Eduardo arremeterá sin piedad, o su tío, Julián Zúñiga Atienza, que añade un “de” entre sus dos apellidos para proporcionarse un barniz aristocrático. 

     Con el propósito de mitigar su angustia, Eduardo se convierte en un adicto al sexo, que practica con profusión, ya sea en un desaforado onanismo o a la caza de compañía de pago.  Sin embargo, no logra acallar su desasosiego, sino que se hunde cada vez más en el “frío de la existencia”, en un abismo rebosante de inquietud y degradación, bajo una máscara de civilización e intelectualidad: “Detrás de la mirada de Eduardo, la mirada del intelectual entregado a su pasión por la literatura, existía alguien capaz de empujar a una persona escaleras abajo, de empujarse a sí mismo, cada noche, a la sima de sus propios abismos”. Porque Eduardo, perfectamente trazado en su carácter bifronte,  ha dado rienda suelta al antropoide que todos llevamos dentro: “La biología, su imposición, su triunfo, no es compatible con la voluntad ética, que es aplastada cuando la naturaleza se desborda”. Ha liberado a ese Hyde agazapado en lo más profundo del corazón humano. El capítulo séptimo de los veintitrés que forman la novela, se titula “Jekyll”, y el diecisiete “Hyde”, asomando por sus páginas el fascinante relato de Stevenson, junto a otras referencias literarias -incluidoel Quijote-, y un desenlace en clave de metaliteratura. 

     Naturalmente, como no podía ser de otra manera, el sentido de culpa reclama su puesto en ese intenso debate que Eduardo libra consigo mismo, buscando su identidad. En cierto sentido, El antropoide, es también una novela de aprendizaje, como Persianas, aunque con una vuelta de tuerca a ese aprendizaje, en realidad siempre incompleto, de la vida. No obstante, como reza el poema de Eloy Sánchez Rosillo que cierra El antropoide, “más allá de quien eres. / Aunque sólo un paso bastará. Atrévete; confía y nada temas. / Si das un paso, al fin habrás llegado”. 

     La lectura de El antropoide, escrita con una prosa cuidada que maneja con soltura distinto registros, desde el coloquial y culto al poético, nos confirma que el excelente debut novelístico de Fernando Parra Nogueras con Persianas, no fue por azar. Síganle la pista. No se arrepentirán.

"El antropoide, escrita con una prosa cuidada que maneja con soltura distinto registros, nos confirma que el excelente debut novelístico de Fernando Parra Nogueras con Persianas, no fue por azar. Síganle la pista. No se arrepentirán".

RESEÑA

El antropoide
Fernando Parra Nogueras (Candaya, 2021)

Reseña de Carmen R. Santos     / Publicada en Marzo, 2021