ISSN 2767-1844
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"Desde los años ochenta del siglo pasado asistimos a un auge de la narrativa histórica en el Perú, cuento y novela, que no ha despertado la atención que merece de parte de la crítica literaria nacional e internacional. Ese vacío queda ahora en parte subsanado".

RESEÑA

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El interés de Concepción Reverte Bernal, catedrática de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Cádiz, por la narrativa histórica peruana se remonta a hace quince años y se ha visto plasmado en ese lapso en numerosos artículos y ponencias. En el libro que ahora reseñamos, la autora parte de constatar que desde los años ochenta del siglo pasado asistimos a un auge de la narrativa histórica en el Perú, cuento y novela, que no ha despertado la atención que merece de parte de la crítica literaria nacional e internacional. Ese vacío queda ahora en parte subsanado y ese es un primer mérito de esta publicación.

     Dos parecieran ser los momentos en que se desarrolla esta nutrida producción cuentística y novelística, desde 1980 hasta el 2000 en relación al retorno a la democracia y al período de violencia política que vive el país, y desde el 2000 hasta la actualidad, coincidiendo con el fin del gobierno de Alberto Fujimori y la primavera democrática que se vivió desde entonces hasta hace muy poco. Reverte Bernal, sin embargo, opta por una periodización distinta del corpus analizado en el libro ciñéndose al criterio de la preferencia de los autores por cada uno de los tres siglos de dominio colonial español: el XVI, de luchas de poder entre los propios conquistadores y contra la resistencia indígena; el siglo XVII, de consolidación de la administración virreinal; y, finalmente, el XVIII, de introducción de las ideas ilustradas y de las rebeliones que finalmente llevarán a la independencia política en las primeras décadas del siglo XIX.    

     En medio de ambos marcos cronológicos, el de producción de las obras literarias y el del periodo histórico elegido para la representación, la lista de autores y textos estudiados es bastante exhaustiva, empezando por los iniciadores de esta tendencia como Augusto Tamayo Vargas, Carlos Thorne, José Antonio Bravo y sobre todo Luis Enrique Tord hasta llegar a títulos muy recientes como El espía del Inca de Rafael Dumett en su versión impresa o La Perricholi. Reina de Lima de Alonso Cueto y Los Túpac Amaru 1572-1827 de Omar Aramayo. De todo este conjunto, Reverte Bernal destaca con justicia la producción cuentística y novelística de Luis Enrique Tord, desde su primera colección de relatos breves, Oro de Pachacámac (1985), hasta su última novela, El imperio en llamas (2015).

     Un capítulo importante es el dedicado a la figura del Inca Garcilaso de la Vega, tanto como fuente de muchas narraciones históricas cuanto como personaje él mismo de algunas de estas ficciones. Reverte Bernal intuye además, aunque no llega a desarrollar del todo el asunto, que en torno a la figura de Garcilaso y el valor documental de su obra se ha cruzado espadas en la historiografía peruana y que algo similar ocurre en el campo literario: un interés especial por el mestizo cusqueño implica una visión de la historia muchas veces opuesta a la de quienes se acercan más al siglo XVI de la mano de Guaman Poma de Ayala y otros cronistas indios. Es lo que hace notar Miguel Gutiérrez en la Posdata de la segunda edición de su libro Poderes secretos (2009) y que Reverte Bernal trae a colación:

“Con el paso de los años, la intelectualidad de izquierda, sobre todo la que procede de las regiones andinas, convirtieron a Guamán Poma y a Nueva Corónica y Buen Gobierno en el símbolo del Perú popular, desgarrado e insumiso, en oposición a Garcilaso de la Vega y sus Comentarios reales, figura ya incorporada al Perú oficial, preferido por la antigua y nueva derecha y por las clases medias cultas urbanas.”


     Un aspecto a destacar en el libro que estamos reseñando es el acento que se pone en las novelas y cuentos que tratan sobre los sectores más invisibilizados por la historia como la población afrodescendiente y las mujeres. Ejemplo de lo primero es el análisis del conjunto de relatos Fraicico, el esclavo sobre el toro ensillado (2003) de Cronwell Jara, que giran en torno a los sufrimientos de los esclavos durante la colonia. En la misma línea está el tratamiento de la novela Malambo (2001), de Lucía Charún-Illescas, escrita, como señala Reverte Bernal, “desde la óptica del sector negro de la población y en un afán reivindicativo que parte de la propia situación personal.” La mirada crítica, no obstante, es más abarcadora y ausculta asimismo temas como los de la religiosidad popular manifiesta en el culto al Señor de Pachacamilla y el de la oralidad, encarnada en el leit motiv del río Rímac a lo largo de las páginas de la novela. Igualmente escrutador es el acercamiento a Crónica de músicos y diablos (1991) de Gregorio Martínez, donde se pone de relieve tanto el hilo narrativo de inspiración histórica sobre los esclavos y cimarrones como el de raigambre popular y oral que narra la historia de la familia Guzmán.

     Es todavía escasa la narrativa histórica que tiene como protagonistas principales a las mujeres y Reverte Bernal hace bien en ocuparse de tales obras, como las dedicadas a la figura de Micaela Villegas, la Perricholi. Nos referimos a La rosa del virreinato (2007) de Jeamel María Flores Haboud, novela en la que se traza un paralelo entre Santa Rosa de Lima y la actriz de teatro, y a La Perricholi. Reina de Lima (2018) de Alonso Cueto, centrada en las relaciones amorosas entre la joven cómica ávida de escalar socialmente y el sesentón virrey Amat. Por otra parte, también es señalado, aunque de manera muy tangencial, el protagonismo de algunos personajes femeninos como Micaela Bastidas, Bartolina Sisa y Gregoria Apaza en la novela Los Túpac Amaru (2018) de Omar Aramayo.     

     Una falencia muy difundida entre la crítica literaria nacional es la subvaloración cuando no simplemente desdén por las corrientes que no se enmarcan dentro del campo hegemónico criollo como la narrativa andina. Reverte Bernal, quien estuvo presente en el I Congreso Internacional 25 Años de Narrativa Peruana (1980-2005) celebrado el 2005 en la Casa de América en Madrid y luego del cual saltó a las páginas de la prensa nacional el debate entre escritores andinos y criollos, no cae en esta omisión. La producción cuentística y novelística de autores como Enrique Rosas Paravicino y Sandro Bossio Suárez es analizada con detalle en las páginas del libro.     

     Igual de relevante es la atención que la autora presta a la narrativa histórica escrita por mujeres, con frecuencia también dejada de lado por la crítica literaria. Además de autoras ya mencionadas como Lucía Charún-Illescas y Jeamel María Flores Haboud, Reverte Bernal se ocupa de las novelas Yo me perdono (1998) de Fietta Jarque, Cápac Cocha. Del diario de Rosa Francisca Ureta (2006) de Zoila Vega Salvatierra y El hombre que hablaba del cielo (2011) de Irma del Águila. Estas dos últimas obras, hay que señalarlo, fueron premiadas en el Concurso de Novela del Banco Central de Reserva y en el convocado por la Cámara Peruana del Libro respectivamente.

     En el capítulo introductorio del libro y en las conclusiones del mismo, Reverte Bernal plantea la hipótesis de que el auge de la narrativa histórica peruana responde a los desvelos que provoca el espinoso asunto de la formación de la identidad nacional, el mismo que vuelve al tapete en los años de violencia política. Nos parece, sin embargo, que mucho más iluminador para el análisis hubiese sido elegir como eje transversal el de nación y proyecto nacional. Ya lo decía Luis Enrique Tord en la nota que acompaña a su novela Sol de los soles (1998) y que es citada por Reverte Bernal:

“Pertenezco a una generación persistentemente dedicada a la revisión de nuestro devenir como nación. Y en esa indagación la historia ocupa un lugar importante en las respuestas a los retos, interrogaciones y exigencias de nuestro tiempo. Pero también acontece que las disciplinas científicas han quedado sometidas a límites que impiden enriquecer o ampliar las respuestas de las que estamos tan urgidos. Y es entonces que la literatura debe acudir a decir lo suyo.” 


En efecto, es la preocupación y las discusiones en torno al devenir de la nación peruana, desde sus momentos aurorales producto de ese formidable choque de capas tectónicas que fue la conquista de América hasta el ciclo de rebeliones que conducirán al nacimiento de la república, las que permiten comprender mejor asuntos como la casi omnipresencia de mitos como el del pachackuti (Sol de los soles de Luis Enrique Tord y El espía del inca de Rafael Dumett) y el del inkarri (Cuando la gloria agoniza de José Antonio Bravo y Muchas lunas en Machupicchu de Enrique Rosas Paravicino) o la selección del punto de vista dominante entre el de los indígenas vencidos y la población negra subyugada o el de los españoles y criollos. Además, en el último período analizado, el de la producción narrativa centrada en el siglo XVIII, cobra singular relevancia el tema del proyecto de nación en novelas como Crónicas de músicas y diablos de Gregorio Martínez (Reverte Bernal acertadamente contrapone en su análisis los deseos de libertad política de la clase dirigente que dejan de lado los problemas de grupos étnicos como indios y esclavos negros en la base de la pirámide social) y en las dedicadas a las rebeliones contra la corona española como Los Túpac Amaru de Omar Aramayo y El tiempo que muere en nuestros brazos de Mario Suárez Simich. En el tratamiento de este último tema, dicho sea de paso, suele haber una contraposición o por lo menos un debate subyacente entre narradores andinos y criollos. 

     Con todo, aunque insistimos en que dialogar, por ejemplo, con estudios como Novela y nación en el Perú republicano (1845-1879) de Marcel Velásquez y Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX de Juan Carlos Galdo hubiera ayudado a problematizar más el corpus analizado, debemos saludar la aparición de un libro que, como señala su autora, al “tratar de esta nueva narrativa histórica peruana como una corriente, permite dar mayor visibilidad a autores y obras que pasarían inadvertidos de otro modo, indicando ciertas características comunes que se perciben en una visión de conjunto.”






La época colonial en la narrativa
peruana contemporánea

Concepción Reverte Bernal (Universidad de Navarra, 2020)
Reseña de Luis Nieto Degregori     / Publicada en Mayo, 2021